miércoles, 14 de octubre de 2015




II. NIETZSCHE Y LA POSTMODERNIDAD
 

       Como ya hemos visto, entre los rasgos más destacados de la modernidad estarían:          
la exaltación de la razón como único medio fiable para afrontar la realidad y 
la idea de un sujeto independiente y autónomo, fuente de decisiones y de derecho, emancipado de todo prejuicio que impida el progreso.

     Veremos cómo Nietzsche afronta tanto el tema de la subjetividad como la exaltación de la razón supuesta guía del hombre. 

1.     APOLO Y DIONISOS, DISOLUCIÓN DEL SUJETO.

a.     Instinto y cultura.
    Nietzsche [1]  significa en su época un tanteo en otra dirección de la cultura y las formas de vivir.
   Desde su primera obra, El origen de la tragedia, advierte que, semejantes a los sexos que perpetúan la vida en medio de luchas y aproximaciones,  existen      dos   fuerzas   en   la naturaleza  que con sus conflictos y  encuentros van generando la peculiar forma de vida de los seres humanos: “la evolución progresiva del arte – y “el hombre es una obra de arte” -  es resultado del    espíritu de Apolo    y del    espíritu dionisíaco   ... del    ensueño   y de la   embriaguez... "              
- de las facultades creadoras de formas, de ideas, la conciencia de nuestra individualidad como algo permanente... y
- de la ruptura de esas formas y el disolverse del individuo mismo por obra del éxtasis o la embriaguez...
"Bajo el encanto de la magia dionisíaca no sólo se renueva la alianza del hombre con el hombre: la naturaleza enajenada, enemiga o sometida, celebra también su reconciliación con su hijo pródigo, el hombre." [2]  

   Estas dos fuerzas, dirá Nietzsche, aparecen sabiamente acopladas en la tragedia griega y en eso estriba su  arte.  Sólo  Heráclito mantiene ese saber trágico que es la verdadera filosofía, saber en que dialogan Apolo y Dionisos, lo individual y la totalidad.
   Pero, desde que Eurípides tiende a eliminar de la tragedia el elemento dionisíaco en favor de los elementos morales e intelectualistas, ésta comienza a transformarse en superficialidad y palabrería.
Con la aparición de Sócrates en la escena griega con su presunción de comprender y dominar la vida con la razón, está en marcha la decadencia. Sócrates fue una equivocación. Con su opción por Apolo contra Dionisos, por la representación y el ensueño frente al goce dionisíaco de vivir sin prejuicios ni límites, se introduce en el pensamiento occidental la visión teórica del hombre, la interpretación intelectualista que cree ciegamente en las construcciones del lenguaje que genera una dialéctica vacía y lleva a  la decadencia de la cultura occidental. Sócrates y Platón son el síntoma de la decadencia griega. La dialéctica - dirá Nietzsche - sólo puede ser el recurso extremo para quien no tiene otras armas.

Sloterdijk  [3]  ve aquí un planteamiento próximo al socialismo estético, una fraternidad universal, similar al manifiesto comunista, una disolución del sujeto y retorno a los orígenes con el consiguiente pánico a ser devorado por la vulvocracia socialista. Pero reclama “una reconciliación realizada en el momento oportuno.”

b. Apuesta por Dionisos 
    El núcleo de la filosofía nietzscheana está en la denuncia de esta decadencia analizando sus causas y planteando sus remedios:
   - Se opone a lo que él llama     "espíritu de pesantez”,  a  las  filosofías idealistas que consideran el pensamiento como venido de otro mundo al hombre, como revelación divina, como una facultad que tuviera el hombre de hundir sus raíces en un mundo distinto del que descubren los sentidos. "Ponen - afirma - su centro de gravedad en el mundo de las ideas, el más allá salvador". Es el elemento apolíneo: luminoso, sereno, individualizador, que ha tomado la exclusiva.  Pero la realidad es movimiento  y no puede ser atrapada en ideas.
   - Afirma, en cambio, el   "espíritu de la danza" ,  dionisíaco, que exalta la sensibilidad y sus vibraciones como lo más genuino que tiene la vida, exalta lo oscuro, desbordante y unificador frente a las construcciones ideales y las instituciones anquilosadas que encorsetan la vida.
 "La razón - afirma - se opone al instinto. La razón a toda costa es una peligrosa potencia, una potencia enemiga de la vida".
"Yo he sido el primero que ha sabido ver la verdadera antítesis. El instinto que degenera, que se rebela contra la vida con un odio subterráneo - cristianismo, filosofía de Schopenhauer, parte de la filosofía de Platón, el idealismo, en fin, son las fórmulas típicas de ello - y  la  afirmación superior, nacida  de  la plenitud  y  la abundancia, una aprobación absoluta y sin restricciones, incluso del sufrimiento, de la falta, de todo lo que la existencia tiene de problemático y extraño". [4]

El yo sería el espacio en que la fuerza dionisiaca vital y sexual interactúa con el placer apolíneo de la contemplación.  Con esto N. atenta contra el credo sagrado de la modernidad: el dogma moral de la autonomía de la subjetividad.  (Sloterdijk, l. c. págs.  47- 48)
En el yo se mantiene el conflicto entre impulso y freno, voluntad y representación, sin que se pierda el equilibrio ya presente en el romanticismo primero. El genio romántico vive esta tensión sin romper pero en el desgarro soportado gracias a lo simbólico.
“Desde el S. XVIII hay todo un movimiento destinado a derribar barreras y proporcionar relajamientos y liberaciones -, un movimiento, cuyo despliegue hoy discutimos bajo el confuso concepto de postmodernidad.”  (Sloterdijk, l. c. Nota en pág. 65).

La tradición socrático-platónica y la dialéctica de la filosofía occidental no tienen en cuenta el "carácter lingüístico del pensamiento", la conexión que guarda nuestro pensar con nuestro hablar y la ilusión que supone pretender ir más allá del lenguaje, siendo así que  "toda palabra es un prejuicio". [5]
El error está en la  interpretación  intelectualista y  esencialista del lenguaje
"El artista del verbo...  imaginaba expresar en sus palabras el supremo saber de las cosas. El lenguaje es, de hecho, la primera etapa en la búsqueda del saber... Es mucho más tarde, justamente ahora, cuando los hombres comienzan a darse cuenta del enorme error que han propagado con su creencia en el lenguaje". Y añade irónico: "Afortunadamente era ya demasiado tarde cuando se advirtió que pensar es sólo hablar, y que, por tanto la filosofía ha sido un abuso de lenguaje, un lapsus linguae. ¿¡Dos milenios de historia de filosofía!?". [6] 
Pero el conocimiento no es más que una serie de metaforizaciones que van de la cosa a la imagen mental o estado del individuo, de la imagen mental a la palabra considerada "justa"  por la convención y de la palabra a la cosa considerada en sus aspectos más simples susceptibles de ser expresados en metáforas.
Este  "análisis químico"  del lenguaje  disuelve la  noción de verdad en sentido tradicional y con ella la metafísica, considerada como una serie de afirmaciones desmesuradas  nacidas por la necesidad de afirmarse en épocas de inseguridad. [7] 
   


    2. VOLUNTAD DE PODER FRENTE A RAZÓN




¿Qué sentido dar a nuestra vida?, he ahí el principal problema que se plantea la filosofía de Nietzsche
 ¿Nos viene de arriba a través de leyes divinas escritas en la naturaleza?
 O ¿viene dado por la voluntad del hombre?
 - El bien y el mal - responde Nietzsche - fueron creados por los hombres. Los valores los puso el hombre en las cosas para conservarse, él dio un sentido humano a las cosas. En el fondo de todo está la voluntad de poder, y todas las formas de pensar no son más que instrumentos de esa voluntad de poder.
   "Todo acontecer en el mundo orgánico es un subyugar, un enseñorearse, y, a su vez, todo subyugar y enseñorearse es un reinterpretar, un reajustar,... el sentido anterior y la finalidad anterior tienen que quedar oscurecidos". "Pero todas las finalidades, todas las utilidades son sólo indicios de que una voluntad de poder se ha enseñoreado de algo menos poderoso y ha impuesto en ello, partiendo de sí misma, el sentido de una función". [8] 
  
A primera vista esto suena a darwinismo social, de hecho N. cita al darwinista Huxley en su favor. Pero al entender voluntad de poder como impulso creador de ilusiones, de arte, de las propias mentiras,  queda la cosa confusa: ¿Habría que imponer las propias creaciones?
Slodedijk observa que el error estaría en ver la voluntad de poder como realidad primordial sin considerar, al modo de su maestro Schopenhauer el mundo como voluntad y representación.
Ciertamente ante la represión y los traumas civilizatorios es necesario recurrir a la voluntad de poder como receta terapéutica, no como algo ajeno a la razón. Pero para vivir sin inhibiciones harán falta las representaciones comunes que implican la justicia y la ley. [9]

Parece oponer
   - lo que llama la   "idiosincrasia democrática"    opuesta a todo lo que domina y quiere dominar, basada en una visión mecanicista de todo acontecer, propugnadora de la adaptación, es decir, una actividad de segundo rango, una mera reactividad.
   - la   "voluntad de poder"   que se despliega en todo acontecer, propugnadora de la auténtica actividad,    "el desarrollo de las fuerzas espontáneas, agresivas, invasoras y creadoras de nuevas interpretaciones, de nuevas direcciones y formas, por influjo de las cuales viene luego la adaptación... Se trata de algo más que de "administrar" como “Huxley reprochó a Spencer". [10]


Sin embargo es difícil precisar a lo largo de la obra de Nietzsche el concepto exacto de voluntad de poder. Sus descripciones van desde un sentido puramente naturalista a un sentido más de tipo cultural.
   Así, por ejemplo, dice en    Más allá del bien y del mal    ( l. c. pg. 220): "La casta aristocrática ha sido siempre al comienzo la casta de los bárbaros - hombres de presa, poseedores todavía de fuerza de voluntad y apetitos de poder intactos - : su preponderancia no residía ante todo en la fuerza física sino en la  psíquica  - eran hombres  más enteros  ( lo  cual significa también, en todos los niveles, "bestias más enteras" )-".
   Y más adelante, pg. 240: “La jerarquía casi viene determinada por el grado de profundidad a que los hombres pueden llegar en su sufrimiento...       El   sufrimiento profundo vuelve aristócratas a los hombres, separa”.  Aunque su  "valentía de gusto" les hace  "tomarse el sufrimiento a la ligera",  siempre en guardia contra todo lo triste y profundo. "No es codiciar ni siquiera tomar sino  crear y dar”.  [11] 
   Sea como fuere, Nietzsche entiende que lo importante del mundo, la realidad primordial es "voluntad de poder", pero no es menos cierto que esa  voluntad de poder no tiene nada que ver con "la simple fuerza bruta", que pudieron entender los nazis, sino que la entiende como "la fuerza de la vida...  del fuerte en cuerpo, mente y espíritu". [12] 


   3. EL NIHILISMO Y SUS FORMAS   

 El nihilismo no es el saber del pícaro o del cínico ni es el pesimismo o la angustia sino una actitud de pensamiento consistente en rechazar aspectos importantes de las tradiciones culturales incompatibles con las nuevas formas de vida, los nuevos conocimientos y la nueva mentalidad; sus diversas formulaciones tienen mucho que ver con las  filosofías  centradas  en  el  sujeto. 
Aunque,  como  ya  hemos  observado anteriormente, ha sido decisiva la contribución del llamado giro lingüístico de la filosofía actual. 
   Podemos distinguir:
   - un nihilismo negativo: que consiste en un descreimiento de todo valor al que acompaña un cierto pesimismo vital  e indiferencia a la muerte.
   - un nihilismo positivo: consistente en una transvaloración de los valores dominantes, en una negación de ciertos aspectos negativos de la existencia y la consiguiente afirmación de modelos nuevos, que se consideran más favorables. [13] 

Tal como lo entiende Nietzsche habría
- un nihilismo pasivo, propio de la cultura judeocristiana, que niega la voluntad de poder y exalta la debilidad, generando la enfermedad del nihilismo: rechazo de la vida, incapacidad de crear cultura; es la cultura de la negación, de la reacción,  del desprecio de la vida.
- un nihilismo activo: destrucción de ese mundo irreal de valores ideales, afirmación de la voluntad de poder frente a esa cultura decadente que ahoga a la vida. [14]

Nietzsche se sitúa en el nihilismo positivo y activo.
Ya en "Las consideraciones intempestivas" de 1874 y luego en "Humano demasiado humano"  denuncia la  enfermedad historicista del hombre de su tiempo, consistente en un exceso de consideración de la historia ("conciencia histórica") que le impide producir nada nuevo y le obliga a buscar las formas de su arte, su arquitectura y sus modas en el baúl de los recuerdos en que se ha convertido para él el pasado. 
La forma de salir de esa enfermedad, una vez desechado el recurso al mito  y al arte  (música de Wagner) de sus primeros escritos, será la  radicalización de las mismas tendencias de la modernidad. [15]
Empezando por llevar hasta sus últimas consecuencias el análisis de los valores supremos de la civilización eliminando todas las sublimaciones. Y el primer baluarte que cae es nuestra creencia en la existencia de verdades absolutas con  supremacía sobre la no verdad y el error.
Tal creencia surge en épocas de inseguridad en que el hombre se siente amenazado y necesita afirmaciones desmesuradas como todo hombre inseguro. Por lo demás, parte del supuesto, falso según Kant, de que conocemos las cosas en sí. Siendo así que el conocimiento, como hemos dicho, no consiste más que en una serie de metáforas heredadas que se aproximan a la realidad.
Y, una vez que se disuelve la noción de verdad, no cabe buscar fundamentos de las cosas, se disuelve la idea de Dios, Dios muere.

Es clásico el pasaje en que Nietzsche lanza su anuncio de la muerte de Dios:
"¿No oísteis hablar de aquel loco que en pleno día  corría por la plaza pública  con una linterna encendida, gritando sin cesar: ¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!...  - ¿Se te ha extraviado? decía uno. - Se ha perdido...  El loco se encaró con ellos y, clavándoles la mirada, exclamó: "¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir. Le hemos matado; vosotros y yo, todos nosotros somos sus asesinos... Los dioses también se descomponen .¡Dios ha muerto! ¡Dios permanece muerto! ¡Y nosotros le dimos muerte!... Jamás hubo acción más grandiosa, y los que nazcan después de nosotros pertenecerán, a causa de ella, a una historia más elevada que lo fue nunca historia alguna."  [16]
  
No dice "Dios no existe", enunciado metafísico que supone una estructura estable de la realidad, un orden del ser en el cual se afirma o niega algo. Sino "ha muerto", enunciado de un hecho actual. Ya no es necesario pensar la realidad como dotada de estructuras estables, de fundamento.
Este enunciado es nihilista en el sentido más radical del término, en cuanto se sale del planteamiento metafísico tradicional y se coloca en una nueva perspectiva sin recurrir a fundamentos definitivos de la existencia. Lo que se enuncia no es ni una consecuencia lógica de un razonamiento, ni un efecto necesario de una causa determinada; no entra dentro de la necesidad que encadena a los procesos metafísicos. Es, por el contrario, un suceso que nos interpela, algo con lo que nos encontramos sin tener que recurrir a ningún fundamento..

"Cuando las ilusiones pierden su máscara, lo que queda es la nada: el abismo de la nada". En la medida que ahondamos en el fondo de las cosas descubrimos, si tenemos el coraje, que ni esto va a ninguna parte ni hay un orden o estructura permanente que lo sustente;  las cosas  - dice - prefieren danzar al borde del caos. Pero hay una    necesidad :   el mundo tiene en sí la necesidad de la    voluntad ,  el mundo, desde la eternidad, está dominado por la voluntad de aceptarse a sí mismo y   repetirse. Tal es la doctrina del    eterno retorno[17]

El nihilismo supone que no hay verdad ni fundamento que buscar ni en los orígenes ni hacia el futuro; por tanto gozar la belleza y riqueza de lo presente, lo próximo; vagar por las construcciones falsas de la metafísica, la religión, el arte que constituyen la riqueza de la realidad. [18]




4. EL SUPERHOMBRE.

a) El marco.
   Ya hemos dicho que el nihilismo nietzscheano lleva consigo una transvaloración, un cambio de perspectiva a la hora de considerar el significado de la existencia del hombre; descartadas las realidades permanentes como productos del hechizo del lenguaje, Nietzsche necesita situar al hombre en un marco nuevo, un marco que dé una cierta estabilidad a una realidad en continuo cambio  como él la concibe y lo encuentra en el mito del eterno retorno.
   La idea no es nueva, como Borges comenta: toda la historia de la filosofía es la historia de algunas metáforas, una de ellas es la de Parménides: la verdad es redonda. Y en otro lugar: “... más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda que no tiene principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente, pero ninguna determina el conjunto... en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas..."  [19] 
  Pero Nietzsche hace un nuevo planteamiento.
  Parte de tres supuestos:
   - el devenir de todo: es un hecho constatado.
   - la infinitud del tiempo: si el mundo tuviera un término, una estabilidad, el ser o la nada, ese término habría sido ya alcanzado.
   - la finitud del espacio y la fuerza: es absurda la idea de fuerza infinita.
 Sentados estos supuestos, cuando están realizadas todas las combinaciones posibles de todos los elementos del mundo, quedará todavía un tiempo infinito por delante y entonces volverá a empezar el ciclo y así indefinidamente. Pero no se ha de pensar en una repetición idéntica por completo, es la situación total de todas las fuerzas lo que retornaría, lo que no excluye una evolución.

b) El valor supremo: la aceptación del mundo y su eterno retorno.
   El eterno retorno es el sí que el mundo se dice a sí mismo, la autoaceptación del mundo, es el espíritu dionisíaco llevado a dimensiones cósmicas.
 En cuanto es el sentido que da Nietzsche al mundo, a  la historia y al hombre, su aceptación es también    criterio de bien y de mal:      cualquier cosa que yo quiera  tengo que quererla de forma que desee para ella el eterno    retorno.      Esto   rechaza todo querer a medias o querer puramente reaccionario, considerando el querer activo como única forma válida de obrar.

c) El superhombre.
      La originalidad del eterno retorno de Nietzsche - según Deleuze - consiste en su carácter selectivo;  es repetición que selecciona y libera.  [20]   Si el eterno retorno no es el retorno de lo mismo a lo mismo, sino retorno selectivo, retorno de lo afirmativo, lo positivo, lo no reactivo, originará al    superhombre:
   - expulsando como por fuerza centrífuga todo lo reactivo y negativo que hay en el alma del hombre,
   - reteniendo todo lo que puede ser afirmado, la forma superior de lo que es, el ser selectivo.


   Resulta difícil perfilar lo que Nietzsche entiende por    superhombre:

- Según Max Scheler su modelo de hombre es el  "homo faber" , en oposición al  "homo sapiens " de los griegos e idealistas, y aquél no tiene ninguna facultad racional específica. Entre el hombre y el animal sólo hay diferencia de grados. El espíritu o la razón no es más que prolongación de la inteligencia técnica, presente en el chimpancé, consistente en una capacidad de adaptarse activamente y sin tanteos a situaciones nuevas por medio de una anticipación de las estructuras objetivas del medio. [21]  
   - Los rasgos positivos que Nietzsche atribuye al hombre superior coinciden con los del aristócrata: el que se exige a sí mismo más deberes que nadie;  sus virtudes son el valor,  la lucidez,  la simpatía y la soledad.
Lo describe así: "El hombre que puede sostener una causa, cumplir una decisión, guardar fidelidad a un pensamiento, retener a una mujer, castigar a un temerario, que tiene su cólera y su espada, y al cual los débiles, los oprimidos, también los animales se allegan con gusto y le pertenecen por naturaleza... es por naturaleza un señor.   [22]  

El ideal del hombre nietzscheano  - dice Vattimo  - [23]  rechaza  toda  idea    de retorno a lo que era en sus orígenes. Eso supone la visión platónica y metafísica de que todo está ya dado en los orígenes.
Pero, al desaparecer el significado del origen, "la realidad más próxima, lo que está alrededor de nosotros y dentro de nosotros, comienza poco a poco a mostrar colores y bellezas, enigmas y riquezas de significados... cosas en las que la  humanidad más antigua ni siquiera soñaba." (Aurora. & 44).     El  pensamiento  orientado  a  lo próximo    constituye lo que Nietzsche llama     "la filosofía de la mañana".   Y vive esta filosofía, el que, convaleciente de la fiebre metafísica del pasado, goza de buen temperamento y no tiene nada  "del tono regañón y gruñón: las notas características de los perros y de los hombres envejecidos en la sujeción". (Humano demasiado humano. & 34).


5. VERDADES CORPORALES, LA VERDAD DESDE ABAJO.

            La Verdad, más que un ajuste mente - cosa es un problema de gusto y olfato. Por el olor descubro las ideas que huelen a rancio y las que nos hacen vivir. “Nuestras verdades son las mentiras que necesitamos para vivir”, había dicho Erasmo.
            La verdad se hace mordiendo y cantando, en la risa y en el llanto, es algo que puede ser bailado. Está en la inspiración, las resonancias que nos trae la lengua.[24]

Wittgenstein,  constatando la feroz crítica que Nietzsche hace del cristianismo en El anticristo, ve también el punto positivo que éste ofrece como ayuda a curar el «alma enferma». Y lo que cura aquí no es una creencia, sino una práctica, una manera de vivir.
             “Es un punto que Nietzsche expresa perfectamente:
           
            Resulta falso hasta el absurdo ver en una «creencia», acaso la creencia en la redención a través de Cristo, el carácter distintivo del cristiano: sólo la práctica cristiana, una vida como la que vivió el que murió en la Cruz, es cristiana... Incluso hoy en día esa vida es posible, y para ciertos hombres incluso necesaria: la cristiandad genuina y primitiva será posible en todas las épocas... No una creencia sino un hacer, sobre todo un no-hacer de muchas cosas, un ser distinto... Los estados de conciencia, las creencias de cualquier tipo, el tener algo por verdadero —todo psicólogo lo sabe- son una cuestión completamente indiferente y de ínfima importancia comparados con el valor de los instintos... Reducir al ser cristiano, al cristianismo, a la creencia de que algo es verdadero, a un mero fenomenalismo de conciencia, significa negar el cristianismo.

            Podemos tener como cierto que éste fue uno de los pasajes de El anticristo que convencieron a Wittgenstein de que había cierta verdad en la obra de Nietzsche. La idea de que la esencia de la religión reside en los sentimientos (o, como Nietzsche lo habría expresado, en los instintos) y en las prácticas en lugar de en las creencias sería un tema recurrente en el pensamiento de Wittgenstein durante el resto de su vida. El cristianismo era para él (en esa época) «el único camino seguro a la felicidad»: no porque prometiera una vida después de la muerte, sino porque, en las palabras y en la figura de Cristo, proporcionaba un ejemplo, una actitud a seguir, que hacía soportable el sufrimiento.” 
(Monk –Witt, El deber de un genio. Anagrama, pág 126).







[1] Nietzsche (1844-1900) Estudia filología clásica y ejerce en la universidad suiza de Basilea; allí conoce a Wagner al que le une una gran amistad luego rota.  En 1879, por razones de salud pero también insatisfecho con la filología, deja la enseñanza e inicia su peregrinación por pensiones de Suiza, Italia y sur de Francia. En esta época conoce a Lou Salomé, que luego sería musa de Rilke y de Freud, fue su amor frustrado.
[2] El origen de la tragedia. Ed. Teorema, págs. 482-487.
[3] Sloterdijk, El pensador en escena. Pre-textos, 2000. Págs. 67 ss.
[4] Ecce Homo. Ed. Teorema. Págs. 166-167. Sobre lo dionisíaco y lo apolíneo ver págs. siguientes.
[5]Humano demasiado humano. & 55.
[6]  Cita  Valverde, J. M., Vida y muerte de las ideas. Planeta 1980, pg. 234 y ss; y La filosofía es el lenguaje, en el diario El País.26,2,87.
[7]  Humano demasiado humano. Cap. I, & 11. Cf. Vattimo, G. El fin de la modernidad. Ed. Gedisa. 1986, pg. 147.
 [8] Genealogía de la moral. Ed. Alianza 1983, pg. 88.
[9] Cf. Sloterdijk, El pensador en escena. Pre-textos 2000. Págs. 98-103
[10]  Ib. pg. 89 y ss.
[11] V. Zaratustra, III, De los tres males. Ver comentario en Deleuze, "Spinoza,Kant y Nietzsche". Ed. Labor, pg. 217.
[12] Nietzsche, "Mi hermana y yo". Ed. Teorema 1985. Vol. I, pg.309.
[13]V. Lluis Álvarez en Rev. Occidente (169) 1995 Comentario a Vercelloni, Introduzzione al nichilismo. Ed. Laterza 1992.
[14]Ver Genealogía de la moral. Ed. Alanza. Libro I, && 7-14.
[15]Ver Vattimo, G. El fin de la modernidad. Ed. Gedisa. Cap. X.
[16]Gaya ciencia. Ed. Teorema. Vol II,pg. 995.
[17]Reale-Antisseri, Il pensiero occidentale... Ed. La Scuola 1983. Vol 3º, pg. 335 y ss.
[18]V. Vattimo, G. Las aventuras de la diferencia. Ed. Península. 1986. Pg.154.
[19]Borges, Nueva antología personal. Ed. Bruguera 1982, pg. 157.
[20]Spinoza, Kant, Nietzsche. Ed. Labor, pg. 228.
[21] L´homme et l´histoire. Ed. Montaigne. París 1955. Pgs. 40  y ss.
[22] Más allá del bien y del mal. Ed. Alianza, pgs. 229 y ss y 250.
[23] Al di là del soggetto. Ed. Feltrinelli, pg. 17  y El fin de la modernidad. Ed. Gedisa 1986, pgs. 41, 55 y 149.

[24] Cf. Sloterdijk, El pensador en escena. Pág. 129 ss.

jueves, 8 de octubre de 2015

C.I. LA MODERNIDAD Y SU CRISIS

LA POSTMODERNIDAD Y SUS PROFETAS    


       TEMAS DEL  CURSO
1.- Crisis de la modernidad (la razón, el sujeto emancipatorio, el
progreso).
2.- Los maestros de la sospecha: Nietzsche y la Postmodernidad
3.-  Freud: teoría de la personalidad, interpretación de los sueños.
4.-  Marx: materialismo, praxis y alienación.
5.- Postmodernidad: ecología del dolor, mundo complejo, masculino y femenino.
6.- Multiculturalidad y religiosidad popular.









I.          LA MODERNIDAD Y SU CRISIS.


TEXTO A COMENTAR:

La Modernidad volcada a lo exterior deja al sujeto sin cobijo. Ha dado la vuelta al globo terráqueo con barcos, con capitales, con los media; sabemos cada vez más sobre lo más hondo y lo más alto de la materia, pero allí  no está el hombre, anda perdido, sin cobijo.
Trata de reconstruir la burbuja de ilusión perdida con:   el Estado de bienestar, el Mercado mundial, la esfera de  los Media.
 Pero a pesar de sus aportaciones en organización política, en tecnología y riqueza, ha olvidado la ecología del dolor, esa que provoca las revoluciones: proletaria, feminista, despliegue de lo inconsciente…  Olvida las relaciones interpersonales y su espacio peculiar de resonancias que van desde la experiencia placentaria al paso al mundo del lenguaje.            (Sloterdijk)
    
                  (V. Sloterdijk, El pensador en escenaEsferas I)
              Cf. www. FILOSOFIA Y FILOFICCIÓN , Sloterdijk y la cultura actual. Y en Incursiones en lo sagrado. Ed. Anaquel, págs. 43ss.

 omentar:



A.  LA MODERNIDAD

a. El RENACIMIENTO


En el RENACIMIENTO podemos ver los inicios de la Modernidad:
- Primeros adelantos técnicos, como la brújula que facilita la navegación intercontinental y los descubrimientos, la pólvora que concentra el poder en las monarquías  y los imperios, frente a señores feudales y países colonizados, la imprenta  que difunde las ideas nuevas.
-  Aparición de la Ciencia Moderna (de Copérnico a Newton): un conocimiento que se centra sólo en lo mensurable y se basa en la observación y experimentación sin tener en cuenta las creencias, e. e.  desarrolla una razón puramente instrumental que libera al hombre de los miedos a lo desconocido emancipándolo de toda autoridad y  lo coloca en el centro del universo (del teocentrismo al antropocentrismo).                
- Nueva economía: el tráfico marítimo se libera de los gremios y se rige por el libre comercio dando lugar al individualismo burgués y el capital financiero.
- Serán el arte manierista y barroco [1], los primeros que anuncien en los siglos  XVI y XVII la inquietud de la época y los cambios hacia una plena Modernidad: Todavía conservan las formas clásicas, pero tanto el Greco como el Bosco o Brueghel, Erasmo, Cervantes o Shakespeare expresan una tensión de fondo entre ideales y realidad (Quijote y Sancho, Hamlet, Elogio de la locura), entre añoranzas del pasado (espiritualismo del Greco) y tensión hacia lo nuevo: libertad de expresión, nuevos horizontes que, al decir de Hauser [2], abre la ciencia.
Según Spengler[3], en todos ellos hay una continuidad del espíritu fáustico que anima al gótico en contraposición a la estética apolínea centrada en la corporeidad que animaba al mundo griego y al renacimiento inicial. Para este autor Miguel Ángel o Bernini, Herrera o Churriguera seguirían ese impulso.

b. La ILUSTRACIÓN (Aufklärung para los alemanes y Siglo de las Luces para los franceses  o iluminismo) es un movimiento complejo que se  desarrolla  a   lo   largo   del S. XVIII. 
La Modernidad se desarrolla propiamente con la Ilustración, movimiento cultural  del S. XVIII que exalta la nueva racionalidad surgida de la ciencia como instrumento  contra los prejuicios oscurantistas del pasado y como medio de progreso que hará desaparecer todos los males de la humanidad.











Kant (1724 - 1808) en su obra "Qué es Ilustración" considera que ésta tiene por fin
  . Sacar al hombre de su minoría de edad, debida a la pereza, individualismo abstracto y falta de libertad.
   . Para realizar la libertad: superando las contradicciones civiles y de conciencia y atreviéndose a pensar con la  propia cabeza y a estructurar un orden social que haga  posible la libertad.




- En lo político:
Finalizan las guerras religiosas. La Guerra de los Treinta Años, (1618 – 48)  que enfrenta a los Austrias con Francia e Inglaterra, acaba con el triunfo de éstas últimas y el debilitamiento de los Austrias y el Papado.
Inglaterra instituye su parlamento y división de poderes en 1688. 
En 1789 tiene lugar la Revolución Francesa que instaura una república con soberanía popular y voto censitario.
La declaración de la independencia norteamericana en 1776, y su reconocimiento en uno de los tratados de Versalles,[4] el de 1783, es un paso más en esta dirección.
-  Las condiciones económicas: la existencia de una clase media bastante amplia en condiciones de llevar a cabo los ideales de la  Ilustración.
-  La cultura: experimenta un desarrollo y difusión antes desconocidos, está  en plena efervescencia. La publicación de la Enciclopedia de Diderot y D'Alembert en 1751 es para muchos el triunfo del racionalismo científico como la ideología reinante del moderno sistema mundial y punto de partida de la Crisis del Antiguo Régimen en Europa Occidental.

Podemos resumir sus rasgos más destacados:
. la exaltación de la razón   como único medio para lograr un conocimiento fiable de la realidad circundante; y ésta tomada en su doble versión: racionalista, según el modelo matemático en que los conocimientos los produce espontáneamente el sujeto, y empirista, según el modelo de la nueva física basada en la experiencia;
.  la secularización de la cultura:   partiendo de la racionalidad de la ciencia, que se basa sólo en evidencias y en la experiencia, la Ilustración lleva la crítica del concepto de autoridad al campo de la revelación, la teología y las instituciones eclesiásticas; se presenta como una visión global del mundo y por tanto como alternativa a una  visión religiosa que pretende extraer su legitimación de unas supuestas verdades reveladas. Hay un paso del teocentrismo al antropocentrismo: se busca una emancipación del sujeto frente a toda autoridad externa.
. la fe ciega en el progreso y el rechazo de todas las tradiciones que lo obstaculizan, dando lugar al nacimiento de toda serie de utopías universalistas e igualitarias y, por otra parte, al despotismo ilustrado como medio rápido de educar al pueblo. El enciclopedismo,   la preocupación por reunir todo el saber de la época de forma sistemática.



B.   LA CRISIS
+ La crisis comienza ya en el S. XIX con el malestar de la clase burguesa que ve un tanto agotado su proyecto de sociedad y pone todo su esfuerzo en defenderse ante la nueva clase ascendente que ya no soporta su explotación.
La clase burguesa ha conseguido unos logros sociales indiscutibles:             
. Organización de la producción: paso de una producción artesanal a una industrial.             
. Desarrollo de la ciencia aplicada a la producción: la técnica.            
. Organización de la vida política: democracias formales, división de poderes, derechos humanos.
No obstante ha introducido en la sociedad una dinámica de insolidaridad sin salida:             
. una producción racionalizada desde el capital, sobre las bases del afán de lucro y la acumulación             
. olvidada de las condiciones humanas que la hacen posible: situación de explotación que aliena a una gran mayoría de la humanidad             
. generadora de unas apetencias tanto materiales como espirituales que un sistema consumista es incapaz de satisfacer.

Todo esto da lugar a una "mala conciencia" y frustración que se refleja tanto en los movimientos artísticos (sobre todo postimpresionistas, decadentes, simbolistas) como en los mejores pensadores burgueses de la época, filosofías vitalistas, marxistas y existencialistas y Psicologías profundas, y últimamente las corrientes de la postmodernidad.
Según Sloterdikj: [5] “La ecología del dolor” ha ido equilibrando sus tensiones a través de tres revoluciones: la proletaria[6], la feminista, y la liberación de lo inconsciente. (Siempre movimientos emergentes de las fuerzas corporales excluidas). Las psicologías profundas son las únicas capaces de afrontar la ecología del sufrimiento, la racionalidad de las descargas y construcción de las realidades soportables. Supone la memoria viva que ha atesorado tras de sí la historia  de las heridas civilizatorias y las petrificaciones y oscuridades acumuladas  como blindaje actual.
Similar a la ecología del dolor está la termodinámica de la ilusión: “principio de conservación de la energía creadora de ilusiones”. Se derrumban ídolos pero permanece la fuerza que los crea; igual ocurre con las ilusiones, necesitamos mentiras para vivir (Erasmo). Arte y filosofía, tela de Maya, la mentira feliz.
      
  + La cultura en general de los siglos XIX y XX acusa la crisis del pensamiento racionalista e ilustrado; hay un "desprestigio del pensamiento" en palabras de Adorno [7] ; la autosuficiencia del pensamiento racionalista de los siglos XVIII y XIX que creía poder resolver todos los problemas de la humanidad va perdiendo terreno hasta llegar a la dura experiencia de irracionalidad que suponen el holocausto y las guerras mundiales.

Al decir de Max Scheler [8] hay al final del XIX y principio del XX una serie de corrientes de pensamiento  que van de Schopenhauer, Nietzsche y Bergson a Klages, Marinetti, Duchamp, que comparten una misma sospecha: no consideran seguros los caminos por los que nos va guiando la razón teórico-técnica dominante, y en cambio exaltan el mundo de los sentimientos, la voluntad, los impulsos vitales y las fuerzas irracionales que actúan constantemente en las decisiones que tomamos.
Llegando los más radicales a considerar al hombre como un desertor de la vida que usa utensilios en lugar de desarrollar su organismo, y en especial ese utensilio inmaterial que es el lenguaje y lo que conlleva, todo el riego sanguíneo concentrado en el cerebro olvidando el resto del organismo. Así se ha transformado en esclavo del cerebro, siendo el pensamiento un parásito metafísico de la vida y el resultado un simio infantil con secreciones internas perturbadas.[9]
Dan por supuesto una dicotomía entre el mundo de los sentimientos, de los  impulsos vitales, el elán vital que dice Bergson o lo dionisíaco de Nietzsche y  el mundo del pensamiento, el logos o el espíritu, al que consideran una potencia metafísica demoniaca hostil a la vida.

+ La ciencia
La misma Física reconoce sus límites y su indeterminación, su relatividad e incertidumbre: Poincarè, Heisemberg, Einstein, Schrödinger.
Y por otra parte Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend rechazan una ciencia incuestionable, nos hablan más bien de paradigmas falsables aunque hasta ahora no hayan sido falsados. Popper hablan de una sociedad abierta en contraposición a unas pretendidas leyes históricas determinadas científicamente. Los estructuralistas Lévi-Strauss, Foucault, Lacan, Althusser hablan de la diversidad de los relatos.
Wilber, Bohm, Capra y otros ven las coincidencias de la ciencia actual, sobre todo la física cuántica, con la mística y el  pensamiento oriental: en ambos se habla de que todo se interrelaciona, se interpenetra pero en diversos niveles.
Según Bohm la materia es un rizo en un mar inmenso de energía.
Para Capra los átomos danzan la danza de Shiva.
Y según Wilber el problema que tiene el paradigma cartográfico de la Ilustración es que deja fuera al cartógrafo. No es que esté equivocado sino que es estrecho y limitado. [10]


+ En el mundo del arte, el artista deja de lado los grandes misterios del nacimiento y la muerte y se queda en “mundo intermedio”, al decir de Nietzsche; asumiendo la condición de viajero buscador de sentido será la experiencia de la creación estética lo que le lleve a la “verdad” soportable por medio del arte y la filosofía.
En este ámbito el  fenómeno más destacado del S. XIX es el Impresionismo que refleja la vida de la ciudad con su constante innovación, competitividad e individualismo del mundo burgués. [11] Se caracteriza por disolver las cosas en sus elementos (luz, colores, superficies…),  tratar de captar su dinamismo, y una cierta improvisación y pasiva actitud del esteta. Arranca con Manet, Monet, Cezann, Renoir, Toulouse-Lautrec.
Es un movimiento elitista, un arte para artistas que, en palabras de Schopenhauer, buscan la liberación de la voluntad  por medio de la creación.
A diferencia del romántico que huye de la sociedad a la naturaleza, ellos se refugian en el artificio, en la vida intelectual “para no ser engañados por la realidad” (Huysmans, A rebours)       
A partir de los iniciadores surgen dos tipos, el bohemio: Verlaine, Rimbaud, Toulouse- Lautrec y el que busca mundos exóticos: Gaugin, Van Goch. La mayoría de ellos pasan la vida en cafés, cabarets, burdeles, acabando alcoholizados, en hospitales e incluso algunos en psiquiátricos. 
A finales del XIX se empieza a hablar de los Decadentes. Tanto los que huyen a países exóticos como los que se refugian en la bohemia anuncian el “Malestar de la Cultura”.
Spengler ve en ellos un intento de llegar a la impresión pura de espacio que ya está presente en el gótico y el rococó, una “transformación fantástica de la lejanía”, una búsqueda de espacios abiertos, de lo más profundo de la realidad, más allá de las delimitaciones del dibujo y la perspectiva. [12]
Serán los simbolistas, con Mallarme a la cabeza,  los que den la vuelta de tuerca hacia un irracionalismo espiritualista basado en las verdades corpóreas de Nietzsche y la intuición bergsoniana. Y las corrientes postimpresionistas los que rompan definitivamente con toda ilusión de realidad expresando su visión de la vida por la deformación de los objetos; son toda una serie de movimientos que suelen designarse con el nombre de Vanguardias

Las Vanguardias irrumpen en el cambio de siglo, en arquitectura, pintura,  poesía, música y todo tipo de manifestación artística.
En el mundo del arte: “El único fenómeno de entidad realmente original del S. XX fueron las vanguardias. De hecho, sin dejar de mantenerse el debate entre Razón y Sentimiento, se plantearon un objetivo común: superación del arte tradicional, incapaz de satisfacer  las necesidades del ser                                                humano moderno” [13]                                                        
Son jóvenes, nacidos después del impresionismo (Monet S. XIX), que quieren crear y pintar en forma acorde con la civilización industrial: casas cómodas (“máquinas para vivir” Le Corbusier), figuras en movimiento, sueños, montajes con piezas prefabricadas (Las señoritas de Aviñón).

Aunque las vanguardias son numerosísimas dos son las posiciones básicas: la que busca respuesta  a sus preguntas en la razón y la que lo hace en la emoción. (Similar al S. XVIII entre neoclasicismo y romanticismo,”retorno de lo reprimido” según E. Trias).    

A la 1ª pertenecen los que consideran que la razón trae el progreso: Arquitectura Racionalista (Le Corbusier, Gropius y van der Rohe), en parte el Cubismo. 

A la 2ª el Expresionismo, el Dadaísmo,  el Futurismo, el Surrealismo. Piensan que el progreso sólo trae la barbarie. [14]

- El Expresionismo [15] en general se considera una deformación de la realidad para expresar de forma más subjetiva la naturaleza y el ser humano, dando primacía a la expresión de los sentimientos más que a la descripción objetiva de la realidad. 
Ya está presente en  Brueghel, El Greco, Goya.
Pero en sentido actual es un movimiento que surge en Alemania prebélica y de entreguerras dado el malestar que denuncian muchos de sus pensadores. No es homogéneo sino variado: Munch (modernista), Klee (surrealista), Kandisnski (abstracto) en Alemania. Fuera: Modigliani, Chagall, el mejicano Rivera …
Franz Marc, Paula Moderson-Becker, Matise…

En general el cubismo, dadaísmo,  expresionismo, surrealismo  con Braque, Chagall, Rouault, Picasso, Rouseau, Dalí, Breton, Paul Klee… son movimientos que aunque tienen sus predecesores prescinden de todo esteticismo, de las emociones y se quedan con la sola inteligencia.

Sobre el tema Tollinchi,[16] nos dice:
La verdadera revolución cultural del S. XX
- no se debe ni al modernismo ni a las vanguardias 
- sino a la ciencia, la técnica y las artes populares (radio, prensa, TV, espectáculos populares).
Aquellos no llegan a las masas que quieren cosas más simples que encuentran en la religión, la política y los medios de masa.

Será la sociedad burguesa  quien sepa aprovechar mejor tanto lo uno como lo otro: la ciencia y la técnica para su mercado competitivo, y de las vanguardias harán su religión por medio de sus mecenas que las integran a pesar de recibir sus críticas (741 - 742).
Pero unos y otros parecen estar ajenos al malestar que se va fraguando desde comienzos del S. XX. Stefan Zweig en su obra “El mundo de ayer” describe el ambiente idílico de la Viena de entonces. Su sociedad disfruta confiada en la prosperidad fruto de la ciencia y la tecnología ajena a los enfrentamientos que se avecinan. Y todo con el optimismo cómplice de gran parte de los intelectuales. Aunque no faltan quienes por haber viajado a los países que luego se enfrentarían gozan de una visión más amplia y apuestan por la fraternidad de los pueblos. (248 ss.) 

C. LOS MAESTROS DE LA SOSPECHA
Esta expresión que ha hecho fortuna la crea el filósofo francés Paul Ricoeur (1913-2005).
Según Tollinchi la POSTMODERNIDAD  viene a ser un
“Movimiento difuso, semisubversivo, resignado (porque no cree ya en la transformación del mundo) a una clasificación amorfa, y se usa para referirse a cambios  y tendencias que han tenido y siguen teniendo lugar en las letras, el arte, la música, la arquitectura, la filosofía, etc. desde el  final de  la Segunda Guerra Mundial”. Se consideran en contra de toda autoridad, del significado y buscan sobre todo la experimentación y la creación.
Sus enemigos el racionalismo y la Ilustración con la que se ensañan.
Parten de bases marxistas, feministas, psicoanalíticas. Hay quienes la consideran la crítica  de la modernidad y quienes la ven como culmen.
El término lo introduce Lyotard, La condición postmoderna. 1984, y en Cátedra 1987. 
En contra del positivismo lógico se admite la multiplicidad de relatos tanto a la hora de explicar la historia como la ciencia  y el arte. La hermenéutica avala esta posición.
Se da la paradoja de un escepticismo radical aparentemente carente de ideales y de visión de futuro,  y a la vez una constante denuncia del sufrimiento, la opresión y las “diferencias”. (743 - 745)
Pero el movimiento del post-modernismo ha llegado a abarcar tan diversos campos que justifica un estado de alarma. Quiere acabar según Baudrillard, - sigue diciendo Tollinchi, - con monumentos, obras maestras y museos y todo lo que sepa a elitismo… Quiere hacer tabula rasa con el pasado… Propugna el nihilismo, la inmoralidad, la locura, la perversidad polimorfa… (747).

Aquí este autor más bien parece confundir la postmodernidad con el dadaísmo y futurismo de Marinetti y el rumano Tristan Tzara, pero veremos detenidamente que si bien pudo haber algo de esto no todo se reduce a lo mismo.
 Autores como Lyotard, Vattimo, Sloterdijk, Morin, Sádaba y el mismo Heidegger ven la situación como convalecencia de la fiebre racionalista; y en el mundo del pensamiento se habla de postmodernidad como el reconocimiento de otras formas culturales, con sus diferencias, sin exclusivismos, oposiciones ni jerarquías.

Ya a fines del S. XIX hay una serie de pensadores que son los primeros en levantar sospechas sobre la pretendida autosuficiencia de la racionalidad que defienden racionalistas e ilustrados.
Han sido los más críticos con la idea de que es la razón la principal guía de los hombres en su conducta personal o en su quehacer colectivo; han señalado que en el complejo proceso que da lugar a las acciones humanas hay siempre factores que las determinan aparte de la razón y del control de la conciencia.
No son propiamente postmodernos pero sientan las bases de lo que llamamos postmodernidad.

Para Freud (1856- 1939) hay todo un mundo subconsciente e irracional que burla de distintas maneras nuestra razón y determina nuestros actos. Todas las tendencias en el hombre se reducen a instinto sexual transformado o sublimado. Todos nuestros esfuerzos en el trabajo, en las relaciones humanas, en el arte... no son más que medios o formas disfrazadas de satisfacer nuestra libido o apetencia sexual. Veremos también: ello, yo, superyó.  

Marx (1818-83) considera que la racionalidad dominante no es más que la ideología con que la clase burguesa oculta sus intereses económicos y los disfraza de intereses generales ante la clase obrera para lograr su dominación.  Son las necesidades de subsistencia, la economía, lo que mueve tanto al individuo como a las colectividades. La forma de distribución y apropiación de los medios de subsistencia determina todos los comportamientos del hombre en sociedad y su pensamiento.
Veremos: alienación, práctica y teoría, materialismo histórico.

Nietzsche (1844- 1900) es quien da pasos más decididos en esta dirección.  Por lo que toca a sus sospechas contra la razón ilustrada, afirma que ésta ha olvidado sus orígenes y que es el afán de poder la fuerza impulsora de todo lo que lleva a cabo el hombre. En su obra Humano demasiado humano  considera que aún en las conductas que aparecen como más sublimes o desinteresadas, como puede ser el caso de los ascetas o los místicos, hay un trasfondo demasiado humano como es el afán de atraer la admiración sobre sí mismos, subvertir el orden que mantiene a los que detentan el poder e imponer el poder propio. Ver: superhombre, espíritu de la danza.

También cabe mencionar a Darwin (1809 – 1882). Sobre todo sus seguidores como Huxley [17] consideran al  hombre como un espécimen  del orden de los primates, familia de los homínidos que han evolucionado gracias a la sabia selección natural que ha ido favoreciendo a las especies que desarrollaron los instintos sociales más que los puramente individuales.          ¿La Razón? Es un instinto más al servicio de la pasión, son los sentimientos de empatía y cooperación que compartimos con primates como gorilas, chimpancés y bonobos los que están en el fondo.
El darwinismo social con su afán de prestar ayuda a la selección de las “razas superiores” será un factor clave de las Guerras Mundiales y de los desmadres del colonialismo.












[1] Cierta ruptura con el renacimiento pintando “a su manera” Miguel Ángel, Tintoretto, Arcimboldo, El Greco…; Caravaggio, Ribera…
[2] V. Historia social de la literatura y el arte Ed. Guadarrama 1982.
[3] La decadencia de occidente. Austral. Bna. 2013.  Como puede verse para Spengler no son los factores técnicos los más significativos, hay otros de tipo inmaterial que están marcando el rumbo de la historia. 
[4] El de 1919 pone fin a la 1ª Guerra Mundial en que Francia e Inglaterra obligan a Alemania a reparar todos los daños de la misma.
[5] SLOTERDIJK, El pensador en escena. Pre-textos, 2000. Págs. 83-84 y 172 ss.
[6]  Son los movimientos obreros, que estallan en la parte más débil de la economía capitalista, (en la Rusia de 1917 a la que el capitalismo le pondrá cerco).
[7] Adorno, Filosofía y superstición. Ed. Alianza 1972, pg. 13
[8] L´homme et l´hitoire. Ed. Montaigne. París 1955. Págs. 57ss.
[9] V. Max Scheler, L´homme et l´hitoire. Aubier. 1955. Págs. 57 ss.
[10] Cf. Wilber, El paradigma holográfico. Kairós, 2008. Breve historia de casi todas las cosas. Kairós, 2009, págs. 91-92. Y F. Capra, El Tao de la Física. Sirio, 2006.
[11] Cf. Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte. Guadarrama 1974, III. Págs. 200 ss. Seguimos a este autor en este punto.  Hablando de la ciudad  nos dice: “Nada provoca una impresión de soledad tan grande como la estrecha reunión de muchísimos hombres, y en ninguna parte se siente uno tan solo y perdido como en una gran multitud de gente extraña.”
[12] La decadencia de occidente. Austral. Bna. 2013.  Contrapone lo gótico o fáustico a lo mágico  envolvente, el logos o nous.
[13] Ignacio Martínez… Historia del arte. Ecir. Pg. 525.
[14] Ib. Pg. 489
[15] Las raíces del expresionismo se encuentran en estilos como el simbolismo y el postimpresionismo, así como en los Nabis y en artistas como Paul Cézanne, Paul Gauguin y Vincent Van Gogh.
[16] Los trabajos de la belleza modernista. Univ. De Puerto Rico 2004. Pgs. 741 – 748.

[17]  Thomas Henry abuelo de Aldous el de Un mundo feliz.