viernes, 7 de febrero de 2014

ARTE DE VIVIR ¼
Antonio Durán  andurangm@gmail.com
I. LA MEDIDA DE TODAS LAS COSAS.
El problema de Diógenes.

Os parecerá una tontería, pero aquello de Diógenes con su farol buscando un hombre en las plazas de Atenas, que luego Nietzsche transformaría en búsqueda del dios muerto, tiene más enjundia de lo que parece.
Pensad que Diógenes se ha desprendido de todo: sólo le quedaba un cuenco para beber de la fuente y al ver a una niña bebiendo con el cuenco de las manos lo tiró viendo que ni siquiera eso necesitaba; no le importaba andar descalzo, con los pies llenos de barro, por las alfombras del palacio de Platón, según decía, así pisaba su orgullo; y a quien le dijo que sirviendo a un príncipe no tendría que comer lentejas, le respondió que prefería tener que comer lentejas antes que tener que adular a los príncipes; así que cuando Alejandro Magno le pregunta qué puede hacer por él: Apartarte a un lado, le dijo, que me estás quitando el sol.
No nos debe de extrañar que después de harto de cavilar en su tonel sobre lo que queda en un hombre después de prescindir de todo lo “accesorio” saliera despavorido a la calle buscando lo que no encontró dentro de sí.

Buscar al hombre o el sentido de todo ese chorro de energía que nos atraviesa, nos interconexiona, tal vez sea la tarea más apasionante que se nos presenta. Al fin y al cabo un ser humano es la porción de realidad que tenemos más a la mano. O si se prefiere, en nosotros es el único lugar en que la realidad se vuelve transparente a sí misma. Si conocemos nuestra realidad conocemos todas las demás; si conocemos de qué estamos hechos conoceremos de qué están hechas todas las cosas y sabremos posicionarnos con mayor lucidez en nuestro mundo.

Una primera aproximación.
En un primer golpe de vista podemos percibir que estamos hechos de la misma sustancia que la tierra, el agua y el aire, y podemos presumir de ser básicamente un complejo químico muy evolucionado; sabemos incluso nuestra organización genética y el comportamiento de los genes y sus leyes de supervivencia que explican en parte de nuestras apetencias y nuestras fobias. [1]
Conocemos la neurona, los neurotransmisores que la atraviesan están bien identificados, (endorfina, dopamina, noradrenalina, acetilcolina...); los centros donde se procesa la información por medio de mapas neuronales tienen mucho que ver con nuestra anticipación de las respuesta exitosas que damos a los estímulos.
La psicología se encarga de analizar paso por paso ese mundo un tanto extraño del pensamiento; aunque no está muy claro si se trata de un desajuste de este animal cuyo riego sanguíneo se ha concentrado demasiado en el cerebro y ha dado lugar a la aparición de ese parásito devorador de vida que es el pensamiento; o tal vez se trate de uno más de sus utensilios: el uso de voces en lugar de cosas que va a permitir simularlas, hasta llegar a esa simulación de nosotros mismos que llamamos conciencia; tampoco faltan los que consideran el pensamiento algo que nos introduce en una nueva dimensión de la realidad, ese mundo de las representaciones incoloras, mudas e intocables [2] y que escapa al espacio y al tiempo.
Pero además de todo eso sabemos que somos animales de ciudad, animal político dijo Aristóteles, que disfrutamos de una organización del trabajo y del reparto de lo producido aunque no siempre consensuada (economía social de mercado en el mejor de los casos, neocolonialismo en el peor); y de una organización política sobre las bases de la democracia que aspira a unas libertades de pensamiento, de asociaciones que deciden el propio gobierno, de mercado... que al menos como idea tal vez sea el mayor logro de la cultura occidental
Y aunque no seamos muy conscientes de ello sabemos que a grandes niveles estamos atravesados por fuerzas de gravedad y corrientes electromagnéticas que nos enlazan a los astros y sus movimientos.
Con todos estos saberes hemos logrado un dominio de nuestro entorno que jamás ha tenido parangón en lo que conocemos desde la aparición de la vida.

Todo esto es magnífico, una gran hazaña, una proeza, un milagro de la racionalización, la división del trabajo y la especialización y no hay que minimizarlo. Pero tampoco debemos consentir que se nos minimice concluyendo que el que tenga visiones que vaya al médico.
Si os fijáis bien la mayoría de nuestras nociones del hombre se refieren a los aspectos externos, como si estuviera visto con los ojos del saber técnico, y consisten en trocearlo, o reducirlo a algún elemento parcial.

Era este panorama el que hacía decir a Hölderlin:
l¡Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas! La ciencia, a la que perseguí a través de las sombras, de a que esperaba, con la insensatez de la juventud, la confirmación de mis alegrías más puras, es la que me ha estropeado todo.
En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza...
¡Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona... [3]

Un símil y un diagnóstico.
Hay un mito del Atarva Veda (2º Veda) que dice más o menos así:
Prajapati deseó ser muchos... con la idea de disfrutar de los objetos de los sentidos, por lo que nos creó.
Pero es una empresa peligrosa... pues es atrapado por el flujo de las cualidades de la materia con la que actúa (luz, oscuridad, mezcla); y como sujeto corpóreo se ve como enfrentado a los objetos de percepción que siente como exteriores y se llena de deseos y no ve al dador de todo en sí mismo, sino que piensa “este soy yo”, “esto es mío”, y de este modo queda atrapado como un pájaro en la red y así vaga por matrices buenas y malas pendiente de lo que consigue con sus acciones y viendo por todas partes objetos contrapuestos.
...si se libera de aquellas cosas de las que se había llenado y por las que había sido vencido, entonces logra la conjunción con el espíritu, es decir, siendo realmente Brahma entra en Brahma.  [4]

Como la mayoría de los mitos se presta a muchas interpretaciones pero podemos muy bien ver reflejado tanto al hombre de nuestro tiempo como a su sociedad, ambos perdidos en multitudes de cosas.
Ya Ortega y Gasset hablaba de la barbarie de la especialización y consideraba al especialista como pollo de engorde metido en su jaula para mayor rentabilidad sin la menor conciencia del sentido del conjunto. Y señalaba que el exceso de cosas no favorece a la vida, sobre todo cuando esas cosas te las encuentras sin haberlas trabajado tú. Esto da lugar tanto a la vieja aristocracia como al “hombre masa” que comparten gustos como el culto al cuerpo y al deporte, la falta de romanticismo en las relaciones hombre-mujer, el desprecio por el intelectual del que sólo se sirven para diversión, preferir el autoritarismo más que un régimen de discusión. (Rebelión de las masas).
Algo parecido dice Heidegger cuando afirma que la democracia no puede apropiarse del control de la técnica, que no tiene hoy sentido afirmar que el hombre es centro del universo cuando ese universo que hemos fabricado se nos engulle, que tanto al sujeto como a nuestra realidad hay que aplicarles una cura de adelgazamiento que nos permita verlos desapasionadamente. [5]

En esta cura de adelgazamiento de nuestra hipertrofia de subjetividad, o si se prefiere en el cambio de perspectiva de nuestra visión de las cosas es donde, según creo, la visión de oriente tiene algo que decir.
Naturalmente ni es oro todo lo que reluce ni hay que idealizar ninguna cultura como si tuviera la última palabra, pero hay filones en el mundo oriental que merecen todo nuestro interés.

Algunas sugerencias.
El punto de mira.
Es muy gráfico ese sencillo toque de alerta sobre el simplismo de las explicaciones del hombre sin recurrir a otra cosa que a los componentes puramente materiales:
“Aunque cortes el tronco del cerezo
no hallarás las flores en él.”
Hay sitios donde no se pueden buscar ciertas cosas:
Del pino lo del pino y del bambú lo del bambú.

Pero sobre todo no se puede confundir lo más genuinamente humano con cosa ninguna.
Las Upanisad nos lo ilustran con la Historia de Naciketa: [6]
Ofrecido por su padre, al estilo de Abrahán con su hijo, llega a la morada de la muerte pero ésta no está y no le hacen la acogida pertinente; cuando ésta llega a los tres días se disculpa y le ofrece satisfacer los tres deseos que prefiera.
Lo primero que pide es que su padre se libre de la ansiedad y que no le reprenda cuando vuelva. La muerte le dice que no se preocupe que su padre no se enfadará y dormirá tranquilo.
Lo segundo que le revele cuál es el fuego que conduce a ese lugar en que no está ella y por tanto no hay miedo, ni vejez ni sufrimiento. Ese fuego no es otro que la inteligencia, el iluminado encuentra allí el fuego origen de los mundos.
Lo tercero que le aclare si cuando uno se muere sigue existiendo o no. Aquí la muerte le dice que en esto hasta los dioses han dudado, es un tema difícil y que le pida otra cosa. Él insiste. Ella le ofrece hijos, riquezas, poder, ninfas celestiales y toda clase de delicias. Pero él dice que todo eso es pasajero, que nada de eso hace feliz pues nada de eso queda cuando ella llega. Quiere saber si hay una nueva vida.
La muerte responde con tres consideraciones:
Lo primero, hay que saber distinguir bien de placer. Tú has elegido el buen camino porque has preferido lo primero.
Lo segundo, diferenciar sabiduría o deseo de verdad e ignorancia o deseo de cosas placenteras, la ilusión de la riqueza y el poder. Sólo conoce la verdad el que se siente uno con ella y la desea con firme decisión.
Y finalmente saber qué es aquello que está más allá del bien y del mal, de las causas y del tiempo. Tal es el ser escondido en el corazón de cada criatura que sólo puede ser conocido cuando él se manifiesta a quien le busca con los sentidos en equilibrio y la mente sin ansiedad. El sabio es capaz de ir de la palabra al pensamiento, del pensamiento a la inteligencia, de la inteligencia a la vida y llega a una paz total con el ser. Cuando se llega aquí hemos dejado de confundir la apariencia con la realidad e, instalados en nuestro verdadero ser, habremos perdido el miedo a la muerte.

Cuando se toma conciencia de lo que está más allá del tiempo y de los cambios y las formas pasajeras... el ser humano se libera de las garras de la muerte.
El problema de la inmortalidad se resuelve eliminando al sujeto individual como algo aislado, eliminando toda dualidad.

El yo superficial y el yo profundo.
La gran máxima de las Upanisad es “Tú eres Eso”. “Eso” es, por supuesto, el Atman o Espíritu, el Espíritu Santo, el pneuma griego, el rüh árabe, la ruah hebrea, el Amón egipcio, el ch´i chino; Atman es esencia espiritual indivisa sea trascendente o inmanente... [7]

Bergson ha hablado de esas dos formas de entender la primera persona, del yo superficial y el yo profundo. De cómo nos identificamos con apetencias o pulsiones que en nada responden a nuestros intereses más íntimos. De cómo nos derramamos en un mundo de cosas que acaban cosificándonos, proyectándonos en una exterioridad en que nos perdemos con el consiguiente desasosiego. Contrapone a esto la intuición que es capaz de captar en su flujo ese "elan vital" que nos atraviesa y que escapa a toda objetivación. Incluso recurre al testimonio de los místicos de todas las culturas como seres privilegiados capaces de vivir esta experiencia en su máxima expresión.
También Husserl habla de una "pura subjetividad" que no puede ser puesta entre paréntesis: paso del yo empírico al yo transcendental, un ser extramundano, inserto en el flujo vital.
Pero claro, nos quedamos un tanto perplejos con el vaciado que hace de ese yo trascendental cuando parece reducirlo a un "conjunto de leyes o estructuras comunes a todos los sujetos conscientes", esto es, a un lenguaje cuyos rasgos en el fondo compartimos.

El punto de arranque de Bergson y Husserl es similar a las enseñanzas de las Upanisad: evitar que el hombre se disperse y se pierda en las cosas y encaminarlo hacia su mundo interior, hacia el ser escondido en el corazón de cada criatura.
Pero es muy distinta la forma de afrontar esa subjetividad. Desde ese complicado amasijo de estructuras de que hablan los estructuralistas que se inspiran en Husserl,[8] hasta esa línea que señala Bergson que apunta a la mística, pasando por esa sensata sugerencia del segundo Heidegger de cura de adelgazamiento del sujeto del humanismo y la ilustración.

Con los debidos reajustes no viene mal echar un vistazo en esa dirección; seguir esa invitación a ver las cosas desde la perspectiva que se nos abre cuando miramos en nuestro interior y descubrimos el discurrir de la energía (karma) a su través, sin miedo a los ciclos (samsara), ni a las apariencias (maya) que podemos confundir con la realidad.



CONSIDERANDOS SOBRE EL ARTE DE VIVIR/1:

- Conocer lo que somos físicamente para mejorar dieta y ejercicios; y cuando lo requiera el caso medicina y terapias.
- Dar su valor a las cosas.
- Lo más genuino del hombre.
- Rasgos del yo superficial y del yo profundo.




[1] DAWKINS, R. El gen egoísta. Salvat 2002: Somos simples máquinas reproductoras de genes; éstos se valen de nosotros en el juego de la selección natural.
[2]  SCHRÖDINGER, Erwin. Mente y materia. Tusquets. 2007. Págs. 71 ss.
[3] Hiperión. Ed. Hiperión, Madrid 2002. Pág. 26.
[4] Cf. ANANDA COOMARASWAMY, El Vedanta y la tradición occidental. Siruela. Págs. 82-85.
 [5]  V. HEIDEGGER, M. Carta sobre el humanismo. Y VATTIMO, G., Fin de la modernidad. Gedisa. 1986. C. 2.
 [6] Upanisad con los comentarios advaita de SANKARA. Edición de Consuelo Martín. E. Trotta.Págs. 75 y ss.

[7]  Ananda, l. c. Pág. 19.
[8] Nuestra capacidad de lenguaje postula un "órgano cerebral innato que conecta áreas de los sonidos y de la representación", NOAM SCHOMSKY. País, 16,11,2002. 

ARTE DE VIVIR 2

ARTE DE VIVIR 2/4
II. LA CUERDA Y LA SERPIENTE

Diversos caminos.

Los caminos que se presentan ante nosotros son múltiples y variados; casi se puede decir que no los elegimos nosotros sino que nos eligen ellos a nosotros; sin embargo para simplificar vamos a destacar dos extremos contrapuestos.

+ Hay un mundo de bienes y seguridades que no deja de seducirnos y ofrecérsenos como un camino totalmente honesto y deseable y que en cierto modo estamos contribuyendo a su mantenimiento y prosperidad; de él disfrutamos y en él estamos más o menos integrados, aunque no dejemos de sentirnos un poco extraños a nosotros mismos y a tantos otros que no tienen cabida en él o impiden que otros la tengan.
Pensándolo bien este mundo es producto de nuestra razón huyendo del hambre y la miseria y centrada en la producción de bienestar. Su carácter competitivo no debe extrañarnos; nos gusta competir incluso con los amigos, ponernos retos, parece como si esa primitiva ley de la selva bajo la que hemos vivido en el pasado, ahora ritualizada en el juego y en las relaciones de trabajo y mercado, fuera un ingrediente imprescindible en todas nuestras relaciones. Y el afán de lucro forma parte del juego: el lucro se considera el premio a la inteligencia y la austeridad, incluso, según Weber, como bendición de Dios en el puritanismo. [1]
Y lo malo es que no hay ahora mismo en el horizonte ninguna alternativa mejor. Se ha acabado la Historia, nos dicen los que quieren vendernos su historia; no hay ninguna perspectiva de que pueda aparecer un mundo diverso, un mundo en que predominen las gentes que no tienen por meta vivir a costa de otros, vivir desentendiéndose del sometimiento de la gente que les rodea y que, por el contrario, trate de crear una comunicación a todos los niveles que vaya compensando progresivamente las desigualdades. ¿O sí?
Y es que a lo mejor estas pretensiones son un tanto ilusorias y es verdad aquello de Heráclito que no hay ni es deseable un mundo sin guerras, que la guerra es el padre de todo y pone a cada uno en su lugar, a unos los hace dioses (divos) y a otros mortales, a unos señores y a otros esclavos... Quizás este mundo de lucha sea el único posible y las construcciones que con estos esquemas se han llevado a cabo – estados modernos, tecnologías, mercado, familia... – quizás sean las que mejor van con la gran mayoría y no sean muchas las gentes que están a disgusto con ellas o al menos que estén dispuestas al cambio.

+ A cualquiera que se encuentre a gusto con lo que hay no hay nada que decirle. Ya lo vio Buda: Al que no sienta quemarle el suelo bajo los pies nada le puedo decir.
En cambio para el que busca otra cosa tal vez le diga algo ese punto en que tanto abunda el mundo oriental, que, bien visto, también forma parte de nuestra cultura. El camino que se nos propone es el del desapego y la contemplación, ese soltar la presa de que hablan los budistas o ese desprendimiento de que hablan nuestros más insignes hombres de fe.
Es famoso el dicho: Las cosas que tienes te tienen a ti. Es el misterioso palíndromo latino, legible en cualquier dirección y con distintos sentidos: Sator opera tenet opera sator: el autor tiene la obra y la obra tiene al autor.

S A T O R
A R E P O
T E N E T
O P E R A
R O T A S

Savater en su Ética para Amador nos habla del sabio budista que para explicarle esto a su discípulo le dice: ¿Qué es lo que más te gusta de esta habitación? Él señaló una copa de oro y marfil. Pues cógela. Pero no la sueltes. ¿Qué otra cosa te gusta? El discípulo miró a una bolsa llena de dinero que había sobre la mesa. Cógela también. Y la cogió con la otra mano. Luego preguntó al maestro Y ahora ¿qué? El sabio respondió: Ahora ráscate. Naturalmente no pudo. Con las manos ocupadas no se pueden hacer muchas cosas.

El sabio chino Lao Tse lo dice con esa concisión que le caracteriza:
El sabio no retiene, hecha la obra no permanece en ella.

Pero no basta el desapego, “la acción no puede destruir la ignorancia”, además es necesaria la contemplación:
Llegar a descubrir el carácter ilusorio de la mayoría de las cosas por las que nos afanamos; superar esa confusión que nos hace ver una serpiente donde sólo hay una cuerda. Considerar el carácter pasajero de todo lo que nos pasa, dejarlo fluir sin retener nada. Asistir gozosos al juego de la vida con sus dolores y gozos relativizados. Llegar a experimentar que no somos distintos de lo que nos rodea, sino uno con todo.
Samkara, en su Esencia del Vedanta, habla de una liberación de la ignorancia, del hábito de vernos a nosotros mismos como enfrentados o extraños a los objetos de nuestra percepción, la visión dualista de la realidad.
Y propone salir de esa ilusión:
Lo mismo que al ver un jarrón no nos identificamos con el jarrón, así al ver nuestros miembros físicos o captar nuestros pensamientos o nuestra fuerza vital tampoco hay por qué identificarse con ello, sino más bien con el Testigo de toda esa serie de actividades, con el sujeto que ve o piensa los distintos objetos de nuestro conocimiento.
Somos eso en cuya presencia todos esos entes se manifiestan y actúan; somos algo que está por encima de las mutaciones y los cambios, somos el testigo que presencia, la luz que ilumina, lo que se entrega en el amor, lo que buscamos cuando aspiramos a la liberación.[2]

Y el Maestro Kodo Sawaki nos lo expresa de esta manera:

NUESTRA ESPIRACIÓN
es la del universo todo.
NUESTRA INSPIRACIÓN
es la del universo todo.
De este modo, a cada instante,
realizamos la gran obra ilimitada.
Poseer este espíritu
es hacer desaparecer la desdicha
y engendrar la absoluta felicidad.

Y nuestro Juan Ramón lo dice así:

¡Afán triste de niño, aquel
afán de poseerlo
todo, de recrearme en todo, inmensamente,
gozando, en falso, mundos que creía de otros!
Hoy, alma, ¿qué no es mío?, ¿qué no es tuyo?
¿Qué verjas no se abren, qué muros no se rinden,
qué bocas no se llenan de palabras,
para ti?

Posturas ante la vida.

+ Una consiste en no fiarse de los sentidos poniendo todo el acento en el mundo interior.
Ya Heráclito había dicho aquello de Malos testimonios son los ojos y las orejas para aquellos hombres que no entienden su lenguaje.
Y el sabio hindú Samkara nos previene:
Así como una cuerda puede parecer una serpiente por ignorancia,... de la misma manera el yo (atman) puede aparecer como sujeto independiente debido a la ignorancia acerca de la naturaleza propia del atman.
Sin embargo, cuando se corrige el error al afirmar el carácter de ilusión de la serpiente entonces se reconoce que se trata de una cuerda.
Así, cuando se ha dicho yo no soy el cuerpo (ni los sentidos ni la mente ni el entendimiento ni el conjunto de las energías vitales) comprendo que no soy un (sujeto independiente) sino el atman, el testigo último de todo, yo soy Siva. [3]

Todo consiste en saber estar por encima de las primeras impresiones de los sentidos y tanto de nuestros impulsos más primarios (hambre, sed, sexo, seguridad,…) como de las motivaciones inmateriales (relaciones interpersonales, autorrealización,…) siempre que nos hagan perder de vista nuestra conexión con esa realidad última que escapa a los sentidos.
Cuando los sentidos están controlados se da la unión (Yoga), esto es, nos sentimos en armonía con nosotros y nuestro entorno. Pero hay que vigilar pues este estado viene y va.

+ Otra es la actitud que se centra sobre todo en el mundo de los sentidos. Desde el Carpe diem de Horacio o A vivir que son dos días de los Chunguitos, hasta el asumir la vida tal cual viene, con sus contradicciones, que sugiere Nietzsche: Necesitamos sumergirnos deliberadamente en el seno de la vida, conscientes de su fuerza caótica y con el coraje suficiente para llevar y soportar la contradicción. Sólo se es fecundo al precio de ser rico en antítesis, dice Lou A. Salomé citándolo.[4]
Gozar la belleza y riqueza de lo presente, lo próximo, vagar por las construcciones falsas de la metafísica, la religión, el arte sabiendo que son construcciones con que nos vamos acomodando a nuestra realidad.
Es ésta una cierta concepción estética donde las grandes creencias no son más que juegos más o menos bonitos, máscaras, dirá Nietzsche, que adoptamos rememorando el pasado.
Y añade: La peor forma de decadencia es la falsa interpretación del mundo, la inexacta concepción de la vida.
Se nos deja muy claro que para esta corriente de pensamiento el engaño está en creerse que podemos huir de las alternancias de dolor y placer, de la lucha interior que todos llevamos con nosotros y refugiarnos en un mundo imperturbable, el mundo de los ascetas o mejor en el no mundo de quien lo abandona todo. Eso no es más que una forma de sucumbir al cansancio, una forma de huida, se nos dice.

El problema está en saber cuál es la verdaderamente falsa interpretación del mundo, la inexacta concepción de la vida, o qué se puede asumir de cada una de ellas.

+ Y en respuesta a esto último está lo que se llama la “vía media”, la prudencia de que hablaba Aristóteles (elegir el término medio entre los excesos y defectos usando la recta razón); o como nos lo refleja este poema oriental:

No busco la Vía,
pero tampoco hago lo contrario.
No me prosterno ante Buda,
pero tampoco lo desprecio.
No permanezco mucho tiempo sentado,
(meditando) pero tampoco me siento relajado.
No limito mis comidas a una sola,
pero tampoco me atiborro.
No me siento satisfecho de todo,
pero no me muestro ávido.

CUANDO EL CORAZÓN
ESTÁ DESPOJADO DE TODO DESEO
ENCUENTRA LA VIA.
       (Vigésimo Patriarca)


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CONSIDERANDOS SOBRE EL ARTE DE VIVIR 2

- Buscar nuestra seguridad y nuestro bienestar; hasta dónde el desapego.
- La contemplación accesible a todos, sólo a iniciados, o El que tenga visiones que vaya al médico.
- Nos guiamos por los sentidos, por la razón o por las intuiciones de algo que va más allá de nuestras representaciones.
Antonio Durán     andurangm@gmail.com




[1] Weber, La ética protestante y el espíritu del capital. Albor, M. 1999.
[2]  La esencia del Vedanta. Kairós. Pág. 27.
[3] Ver SAMKARA, La esencia del Vedanta. Ed. Kairós. Pág.88
[4] LOU ANDREAS-SALOMÉ, Nietzsche. Ed. Zero. 1978. Pág. 161.


ARTE DE VIVIR 3/4
III. ARTE DE VIVIR Y VOLUNTAD. ¿NADA DESEAR?

La realidad y el deseo.

Ya hemos visto que a la hora de acercarnos a la realidad depende mucho de del ángulo desde el que la miremos. No hay observador imparcial que no modifique las condiciones de lo que observa como sabe muy bien Schrödinger. [1] 
Para un físico todo, incluso el hombre, se reduce a campos de energía en procesos irreversibles de adaptación y autoorganización.
Desde el punto de vista de la biología podemos ver el mundo vivo como un campo de batalla de genes en pugna por su supervivencia.
Para el hombre público el mundo es el escenario donde desarrolla su representación.
Y para la gran mayoría es un campo de apuestas donde tratamos de jugar lo mejor posible.

¿Lo que llamamos realidad tiene carácter ilusorio?, ¿todo es relativo al modo en que se conoce?
Sin ir más lejos, filósofos como Hume y Kant nos advierten que lo que nosotros consideramos sustancias o causas no son más que formas de representarnos las impresiones que nos llegan no se sabe muy bien de dónde.
Schopenhauer saca sus consecuencias: el mundo no existe más que en relación con el sujeto, el mundo es mi representación y mi voluntad, y no hay nada que no se reduzca a lo uno o lo otro, no hay un tercer objeto en sí. [2]
Samkara considera absurdo que haya una realidad que contempla y una realidad contemplada. Es el sujeto último de toda contemplación, el atman, el que da sentido a todo lo demás.
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo miras,
es ojo porque te ve.
Lo dice Machado, lo que cuenta es lo que ve y no lo que ves.

Ir al fondo.

Pasar de las apariencias al fondo de las cosas es la tarea del sabio.

¿Son ese fondo los deseos o nuestra voluntad como parece apuntar Schopenhauer?
Pero son tantos nuestros deseos que uno no sabe qué hacer con ellos. ¿Suprimirlos o potenciarlos? ¿Qué tipos de deseos potenciar y cuáles suprimir? ¿Tiene todo el mundo los mismos deseos?
Ni siquiera el deseo de libertad que se supone una orientación básica de nuestra especie parece compartido por todos. Hay muchos que prefieren que les manden, que otros decidan por ellos, antes que decidir por sí mismos. Es menos complicado.

Admitamos que liberarse es vivir haciendo lo que uno realmente quiere. Y hay que admitir también que lo que uno quiere está siempre en relación con la representación que se hace de sí mismo y del mundo.
Pero todas estas cosas no tienen nada de simple.

Empezando por que los deseos pueden ser muy numerosos, contradictorios o excluyentes, más fuertes o más debiluchos. Tu querer es siempre una elección entre todo ese marasmo de pulsiones y deseos. Y eliges conforme a la fuerza con que se presente ese deseo y ajustándote a la idea de ti mismo que te has trazado utilizando tu bagaje mental. Son en definitiva dos factores los que nos determinan: La fuerza o intensidad con que se presenta el deseo y el tipo de conocimiento de nosotros y del entorno que barajamos.
Al decir de Schopenhauer: Querer es carecer, necesidad, sufrimiento. La satisfacción  pone fin al sufrimiento, pero para un deseo que es satisfecho hay por lo menos diez que no lo son... el deseo colmado deja su puesto a otro nuevo...Ningún objeto de la voluntad puede dar lugar a una satisfacción verdadera... Mientras estamos bajo la presión del deseo con sus alternativas de esperanza y de temor... no es posible que disfrutemos dicha ni tranquilidad...
Pero cuando una circunstancia exterior o nuestro estado de ánimo nos arranca del torrente de la voluntad y emancipa nuestro conocimiento del deseo, la atención ya no se dirige a los motivos de la voluntad sino que concibe las cosas libres de sus relaciones con el querer, de un modo desinteresado, sin subjetividad, de una manera puramente objetiva, entregándose a ellas plenamente, en cuanto son puras representaciones y no meros motivos; entonces la tranquilidad, buscada antes por el camino del querer y siempre huidiza, aparece por primera vez y nos colma de dicha.[3]  Sería un contemplar sin apetencias como el que ve un árbol o el bosque sin que medien consideraciones utilitaristas o distinciones teóricas, sino en pura contemplación.

Cabe que desees no desear nada, que domines todos tus deseos, que aquietes totalmente las llamadas pasiones del corazón.
Y esto podría ser o por una experiencia similar a la descrita por Schopenhauer, a la manera del placer estético que hace al sujeto olvidarse de sí, o porque hemos llegado a una representación de nosotros mismos que relativiza todas las cosas y no considera que haya ningún objeto de deseo que merezca nuestra atención.
Normalmente uno quiere cada vez con más ahínco, en la medida que el tiempo más y más se acelera, agarrarse a algo estable, a algo que resista el arrastre del torbellino en que nos sentimos inmersos. Vamos perdiendo seguridades, vínculos penosamente construidos, palpando momentos en que pareces estar demás, sientes quedarte sin agarraderas, sin cartas que jugar, sin apuestas en ese juego alucinante que constituye tu existencia.

Entre la nebulosa de lo sentido, lo vivido, lo soñado y lo hecho sólo quedan los síes que has ido dando a los retos que te ha ido planteando tu vida, tus propias decisiones.
Bien esos síes imprecisos a los sueños de la infancia, o a las normas del grupo que vas descubriendo en la juventud, o a las grandes ideas que acarician la mente de los años rebeldes, hasta un sí a lo que venga de los años de la desilusión... Esto suponiendo un desarrollo sin traumas. De lo contrario habrán sido otras decisiones por otros derroteros las que habrán ido marcando nuestra persona.
De cualquier manera lo que constituye tu personalidad son las decisiones que has ido tomando a través de tu vida. Son esos síes que te acercan a lo más hondo de ti, lo que tienes en común con todo lo vivo; es como un camino andado hacia lo interior; es la más auténtica realización de sí mismo. Algo muy distinto de aquel perezoso esteticismo: “Que la vida se tome la pena de matarme ya que yo no me tomo la pena de vivirla”. O ese declinar responsabilidades escudados en el rebaño o haciéndose las víctimas de fuerzas extrañas o perdiéndose en lamentos de nuestro pasado o en temores ante el futuro, todo menos afrontar el presente..

Pero llega un momento en que te enfrentas al sí más difícil, al sí más penoso, al sí más ambiguo y contradictorio, un sí que es al mismo tiempo un no o si se quiere a algo que está más allá de nuestros torpes esquemas lógicos de síes y noes, estás ante el sí a tu retirada de escena, un sí al término, un sí a tu no existencia, un sí a la nada que te aguarda, un sí al no, sí a la propia desaparición.
¿Con mirada de sol que se retira, como diría Octavio Paz en similares circunstancias?
No es ningún drama para quien ha vivido siempre más o menos acorde con las fuerzas que rigen la vida, una más de sus leyes; ningún lamento para quien ha ido aprendiendo que ningún apego va a durar mucho tiempo, pero ¿no será hacer trampa jugar ya de antemano la carta de la renuncia? ¿Hasta dónde llevar el total desapego?
Consolación del que no puede otra cosa, resignación de los débiles, a la fuerza ahorcan... y otras mil formas de desacreditar esta visión oímos todos los días.

Si hay que creer a la historia es esta una forma de encarar la vida que ha tenido abundantes adeptos a través de los tiempos. Hay quien los llama calumniadores de la vida, resentidos contra los fuertes y sanos, gente que cura el dolor imprescindible de todo lo vivo envenenando la herida, suministradores de adormidera... Y a lo mejor no dejan de tener razón en más de un caso.
Pero salta fácilmente a la vista cuándo se trata de un ojo venenoso y un corazón resentido el que habla de renuncia y desprendimiento y cuándo de alguien que deja pasar a través suyo los mejores flujos vitales sin oponerles resistencia, sin afán de retener, y participa en el mundo con total desprendimiento; alguien que de forma relajada y como sin darse cuenta vive en perfecta armonía con su entorno y es capaz de generar un campo de simpatía a su alrededor en el que entran libremente otras muchas voluntades.

CONSIDERANDOS SOBRE EL ARTE DE VIVIR/3:

- Diversas visiones de la realidad.
- Qué hay detrás de nuestras impresiones.
- Los hombres son voluntades.
- Decisiones que nos van haciendo.
- Renuncias.

Antonio Durán     andurangm@gmail.com



[1]  Mente y materia. Págs. 55 y ss.
[2] El mundo como voluntad y representación. Ed. Porrúa. 1987. Págs. 19 – 20.
[3]  El mundo como voluntad y representación. Ed. Porrúa. 1987. C. XXXVIII, pág. 160.



ARTE DE VIVIR 4/4

IV. ARTE DEE VIVI R  Y NUESTROS CONOCIMIENTOS
Arte de vivir.
+ El arte de vivir en principio es el arte de liberar nuestra energía que por nuestra ignorancia queda encerrada en el yo individual y esclava de las cosas. La carencia de horizontes en que proyectarnos, el vivir encerrado en sí mismo, es ignorar este arte.
Es un arte que no se enseña directamente. Sólo se puede señalar una dirección, mostrar un camino, enseñar a ver. Luego cada individuo ha de tomar sus decisiones.
Relación hombre cosas, hombre – hombre.
+ Todas las cosas están religadas. Hoy lo sabemos:
- Por la física moderna: considera el mundo como un entramado de energía donde actúan las fuerzas de gravedad, electromagnéticas y nucleares fuertes y débiles (entre protones y electrones en el núcleo, entre los neutrinos). Supone en el fondo de las cosas un mar infinito de energía que se despliega como espacio, tiempo y materia, un flujo intangible e invisible y no compuesto de partes.
- Por la biología: considera la naturaleza como un ecosistema con vida propia. Los seres vivos, además de alimentarse de la tierra y de la luz (plantas), están marcados por fuerzas como hambre, sexo,  y los más diversos sentimientos. Por lo que conocemos hay un equilibrio en el que intervienen tanto las cadenas tróficas como la simbiosis y cooperación.
- Por la psicología: considera la mente como algo que se gesta colectivamente junto con el lenguaje en el intercambio entre los sujetos. No es algo aislado.
- Y sobre todo por la experiencia cotidiana de la llamada cultura de masas que inicia con la radio y TV y culmina con el mundo en red. Se ha cambiado el viejo modelo de sociedad basado en la escritura y aparece una nueva conformación del hombre a través de esos instrumentos de comunicación y comunión.
+ El mundo no es objeto exclusivo de ningún tipo de saber, son muchos aspectos  ndiferentes y requieren maneras diferentes de abordarse. Cada cosa requiere su herramienta apropiada.
-  El carpintero y el mecánico saben mejor que nadie las cualidades de la madera o de los objetos que manipulan; lo mismo la cocinera y el campesino. Es un saber técnico en relación con los objetos de la experiencia.
- El saber de la física, de las matemáticas, las leyes de la lógica para no contradecirnos, son saberes teóricos. Aquí nuestra mente se enfrenta a sus propias creaciones en base a la razón.
-  Cuando nos relacionamos con las personas la cosa cambia: será un saber práctico el que nos haga ver lo que se debe y lo que no se debe hacer. (No engaño, no violencia, tratar al otro como semejante, son materia de la ética y la política).
-  Las tradiciones espirituales nos hablan de una experiencia semejante a la que describen los físicos actuales, de una realidad intangible pero en un campo no material ni apreciable por los sentidos ni por la sola actividad de la mente, sino al que accedemos por simple intuición directa, a la manera de la experiencia amorosa o creativa, de la experiencia estética, de la solidaridad o empatía con nuestros semejantes. Todas ellas fuerzas que nos hacen salir de nuestra individualidad y experimentar nuestros lazos con todo lo que nos rodea.
Lo que supone
- Supone un abrir nuestra vida y nuestra mente a todo lo que nos haga salir de nosotros mismo y tomar conciencia de nuestras conexiones con el resto del mundo.
- Pero no podemos quedarnos en teorías, es un saber que se adquiere con la práctica:
Por una parte tenemos unos cauces de salida al exterior: las manos, el lenguaje y los genitales, a los que hay que dar salida adecuada, no destructiva o exclusiva sino acorde entre nosotros y en armonía con el medio. Por ahí circula toda nuestra capacidad creativa.
 Por otra, hay un camino hacia el interior de nosotros mismos que a veces se olvida y que nos pone en contacto con ese ancho mundo de verdades, bondades y belleza de que nos hablan las creaciones espirituales que hemos heredado los seres pensantes.
A través de la historia de la humanidad ha habido hombres carismáticos que han marcado caminos espléndidos por los que han seguido mucha gente de noble corazón; y no han sido sólo sabios sino también artistas e incluso caudillos; y no sólo en una determinada cultura, habrá que entrar en contacto con distintos pueblos y sus culturas para adquirir conciencia de las verdaderas dimensiones de nuestra manera de vivir. 
Tan solo con la unión de las diversas fuerzas que actúan en el hombre éste puede llegar a un desarrollo adecuado, éste puede reflejar en sí la totalidad de lo que le rodea y vivir su armonía. Será un trabajo compartido y habrá que contar tanto con los medios de masa como con las mejores tradiciones.
Las falsas interpretaciones del mundo y el desvío de las energías biológicas, el sexo, las emociones y la actividad mental, son las principales causas de patologías en el ARTE DE VIVIR.
Antonio Durán     andurangm@gmail.com


CONSIDERANDOS SOBRE EL ARTE DE VIVIR/4:

- Una aproximación al arte de vivir.
- Nuestra relación con las cosas.
- Nuestra relación con los otros hombres.
- Cauces de salida de nosotros mismos.
- Falsa interpretación del mundo.


LIBROS SOBRE EL TEMA:

Bhagavad Gita. Bruguera.1978.
COOMARASWAMY, Ananda. (2001).  El vedanta y la tradición occidental. Siruela
COOMARASWAMY, Ananda. (1996). La danza de Siva. Siruela. 53.
DAWKINS, R. (2002). El gen egoísta. Salvat.
HEIDEGGER, M. Carta sobre el humanismo.
HÖLDERLIN. (2002). Hiperión. Ed. Hiperión, Madrid. Pág. 26.
LE BON, Las civilizaciones de la India. Montaner y Simón.
LOU ANDREAS-SALOMÉ.  (1978). Nietzsche.  Zero. Pág. 161.
PARETI, L. El mundo antiguo. En Historia de la humanidad. UNESCO. Planeta.
PAZ Octavio, Vislumbres de la India. Círculo de lectores.
SAMKARA (1997). La esencia del Vedanta. Kairós. Pág. 27.
SANKARA (2001) Upanisad. Edición de Consuelo Martín. Trotta. Págs. 19-21 y 75 ss
Cuando los sentidos están controlados se da la unión (Yoga). Pero hay que vigilar pues este estado viene y va. Upanisad. Pág. 107
SCHOMSKY, Noam . (2002). País, 16,11,2002:  Nuestra capacidad de lenguaje postula un "órgano cerebral innato que conecta áreas de los sonidos y de la representación".
SCHOPENHAUER (1987). El mundo como voluntad y representación. Porrúa. Pg. 160.
SCHRÖDINGER, Erwin. (2007). Mente y materia. Tusquest. . Págs . 55 y ss. y 71 ss.
VATTIMO. (1986). Fin de la modernidad. Gedisa.. C. 2.


GUIÓN DE NUESTRA INTERVENCIÓN
  1. Vivir ¿es un arte? Si lo es ¿cómo se transmite?
  2. Sufrimiento (vejez, enfermedad, muerte…) / felicidad.
  3. Razón / Emoción.
  4. Ciencia / Creencias.
  5. Individuo  / Sociedad.
  6. Deseos / Desapego
  7. Sabiduría / ignorancia

martes, 22 de enero de 2013

MÁS SOBRE EL LIBRO INCURSIONES EN LO SAGRADO




PARA  MEJOR LOGRAR  “INCURSIONES  EN LO SAGRADO”.

Lo sagrado hoy.

       Hay un mito d la antigüedad griega que nos cuenta cómo uno de aquellos primitivos titanes, Atlas, fue condenado por Júpiter a soportar sobre sus espaldas el universo. Y que un buen día se le presentó Hércules, aleccionado por su primo Prometeo,  pidiéndole que se acercara al jardín de las Hespérides y le trajera tres manzanas doradas. Y que él le sostendría el mundo  mientras tanto. Aceptó el encargo y cuando volvió, lo pensó mejor y le dijo a Hércules quédate tú soportando el universo mientras yo voy a llevarle las manzanas al que te las encargó. Hércules, que además de ser un gigante era un zorro, le dijo que de acuerdo; pero que antes le sostuviera un momento el mundo mientras él se hacía con la túnica una almohada para apoyársela en el hombro. Atlas, todo inocente, le retuvo el mundo, lo que aprovechó Hércules para coger las manzanas y salir corriendo.
       Nadie quiere cargar con la pesadez de lo global, lo universal, el  todo. Preferimos lo que está a la mano, lo más cercano. Vivimos en un mundo de especialistas. Preferimos los campos reducidos, lo que se puede manejar fácilmente y si es enlatado mejor. Queremos verdades enlatadas, en comprimidos. Nos da miedo todo lo que está desenlatado, desvelado, lo abierto.
      Ya los griegos decían que había que tener un corazón muy valiente para afrontar la verdad sin ropajes, la alétheia: a-letho, a-lateor, des-velado.
      Y es que debe ser muy fatigoso aguantar el peso de lo que no tiene límites bien definidos.


Lo sagrado se dice de muchas maneras.

      Contraponemos: sacro/profano.
      Lo sagrado (“sanctio” sanción): lo intocable, lugar seguro, compartido.
      Lo pro-fano (“fanum” templo): lo de fuera del templo, lo ajeno a la comunidad.

      Relacionamos: mundo de lo sagrado & mundo de la belleza y el arte.
      Ambos comparten el recurso al sentimiento y la fantasía creadora. Por esos caminos, según Hegel, la religión y el arte tratan de acercarse a los intereses más profundos de la naturaleza humana, a las verdades más comprensivas del espíritu; sea por medio de representaciones exteriores sea por la meditación interior. (De lo bello y sus formas).

       Lo sagrado evolucionó, nos explica A. Lara, desde el paleolítico a la actualidad.
     Comienza por el culto a los animales, el tótem y el tabú, animales benéficos y maléficos, conjurados por medio de la magia simpática que los representa y magia contaminante que usa pieles u objetos, fetiches, que les estén relacionados.
      En las culturas agrícolas pendientes de la fertilidad de la tierra, el clima y los cambios celestes aparecen las mitologías: personificaciones de los vientos, el fuego, el sol, los planetas, animales mitológicos del zodiaco,…
      Luego en las culturas tecnológicas de las ciudades: aparece la visión metafísica, monoteísmo ya en Egipto: un dios único creador omnipotente del que depende todo. Está en todas partes y especialmente en el corazón de los hombres. Los antiguos dioses reaparecen como vírgenes, santos y demonios.
     Pero un dios racional, esa misteriosa esfera cuyo centro está en todas partes y su superficie en ninguna, pierde su carácter numinoso y da paso  por un lado al ateísmo, negación de toda vivencia religiosa, y por otro a diversas formas de religión natral sea que integre elementos místicos y panteístas, sea como una búsqueda de lo sagrado en lo interior: experiencias de autoayuda: yoga, meditación trascendental… sea como un retorno al zoomorfismo que supone toda la naturaleza dotada de vida animal: Hay quien habla de superdepredadores, seres extraños que se alimentan del sufrimiento humano o de extraterrestres de todo tipo. Pero a diferencia de los cazadores primitivos hoy la defensa de los animales y sus derechos, la ecología, el respeto al medio ambiente, son parte de esa religión natural.

     Lo sagrado, como todo el campo de lo irracional, nos dice Rafa Muñoz, tras la Ilustración deja de ser monopolio del clero, se apoderan del tema las ciencias: la antropología lo entiende como “un sistema complejo adaptativo compuesto por símbolos, mitos y ritos que unifican en esferas envolventes y  que expulsan la costra que no se adapta”. En definitiva un factor más configurador de pensamiento. (Mark Taylor, Después de Dios. Cit. Rafa, 79).

      Susana a la relación de lo sagrado y el arte añade con la ayuda de Proust la relación con la mística. Según el visionario del tiempo perdido y el hallado de nuevo, en la memoria hay algo que perdura y con la inteligencia se da un paso de lo individual (el instinto) a lo transpersonal, espiritual. En el arte y el juego de la metáfora hay una creatividad como en el amor que vence la muerte; la poesía hace salir del yo superficial y entrar en el yo profundo, lo místico. La imaginación y la memoria logran la unidad con el todo.


Siempre quedan las preguntas.

       Hemos dado la vuelta al globo terráqueo con barcos, con capitales y con los medios de masas, sabemos cada vez más sobre lo más hondo y lo más alto de la materia, ¿queda algo intocable, incomprensible, inabarcable para nosotros? ¿Dónde y cómo encontrarlo? ¿Cuáles son los caminos, si es que los hay, que nos llevan a esos misterios, a esos mundos de sombras o de luces, de otras formas de vivir? 

     Quizás lo primero que haya que afinar sea nuestra mirada.
     Ya nos advirtió Heráclito: Malos testimonios son los ojos y las orejas para aquellos que no entienden su lenguaje (barbarous psijas ejonton, para los que tienen alma de bárbaro).
     Y nuestro Cernuda:
    La mirada es quien crea por el amor el mundo,
y el amor quien percibe dentro del hombre oscuro, el ser divino,
criatura de luz entonces viva
en los ojos que ven y que contemplan.

     Pero verdad es lo que se hace, nuestras acciones van desbrozando y aquilatando nuestro entorno a la vez que clarifican el pensamiento: Solo lo semejante percibe lo semejante.
     Y en palabras de Hölderlin:
¡Ah! La muchedumbre prefiere lo que se cotiza,
las almas serviles sólo respetan lo violento,
sólo creen en lo divino
aquellos que también lo son.

    Y por último sumergirse en el todo envolvente:
    Deja que todo te suceda, la belleza y el espanto. (Rilke, El libro de las horas).
    Pero aquí más cerca tenemos la vieja sabiduría andaluza que sabe diferenciar la gente que tienen duende o  buen ángel y las que tienen mal-ange, malaje. Es una forma sabia de entender esas fuerzas que se apoderan de la persona en ciertos momentos en que sintonizan más o menos con sus semejantes.
   Algo parecido dijo Sócrates al tomar la cicuta: Hay dentro de mí un daimon (duende) que me dice que no debo temer a la muerte, me reuniré con mis antepasados.
   
     Para terminar: está claro que todo esto escapa a las personas muy sensatas.
     Cuando Platón se puso a echar cuentas no le salían. Ni la gente demasiado cuerda ni la gente demasiado lista saben mucho de lo que hay que saber.
     Sólo el que está un poquillo tocao entra en contacto con lo más hondo de las cosas.
    Y ¿quiénes son esos privilegiados?
     Primero los artistas: de músicos poetas y locos todos tenemos un poco. El arte les transporta a otros mundos donde ven lo que los demás no ven.
     Segundo los filósofos que se creen las propias ideas o las mentiras que nos hacen vivir.
     Tercero  los profetas y gente de religión que "se sienten religados a todo el universo.
    Y cuarto los que se sienten arrastrados por el amor. El que se enamora pierde sus cinco sentidos y entra a vivir en un mundo distinto.
     Estas son, según Platón, las cuatro divinas locuras que nos hacen entrar en contacto con el mundo del misterio.

Locuras, locuras,
buscaba Platón;
la loca poesía,
la filosofia,
loca religión
pero la más loca
locura de amor.
Nos arrastran,
nos levantan,
nos ensanchan,
nos multiplican por dos.
Cuando se desinflan
todo se acabó.

  Antonio Durán